Pearl Jam: a rodar la vida

El 13 de Noviembre se presentan en el Estadio Único de La Plata. Vuelven a la Argentina, una de sus plazas favoritas. Por esas cosas del mejor público del mundo, y de una de las bandas de rock que mejor suena en vivo. 


De rock, lo que se dice rock, quedan pocas bandas. Entre ellas, sin dudas, Pearl Jam. 

Sí, cierto, fueron parte de la ola grunge que Nirvana generó en Estados Unidos, y que por esas cosas de los ánimos sociales más que de las características artística, no llegó a ser el Tsunami (forma japonesa de designar lo que comúnmente en los tiempos de Pearl Jam se llamaba maremoto) que amenazaba.

Se formaron en Seattle, como los comandados por Kurt Cobain, y tuvieron en su líder y voz, Eddie Vedder, si bien no la razón de ser, ese espíritu apocalíptico siempre, desgarrador la mayoría de las veces. 

Al bajo fue Jeff Ament, a la guitarra rítmica Stone Gossard, a la principal Mike McCready y a la batería Dave Krusen, quien en 1998 sería reemplazado por Matt Cameron, ex Soundgarden.

¿Qué le aportó Pearl Jam a la música en su nacimiento, en 1990? 

Una potencia arrolladora, que sin embargo no era la de Nirvana, su banda hermano mayor, podría decirse: a quien emular y con quien competir; el sonido, la lírica y el trayecto de Pearl Jam no podría ser pensado sin Nirvana. 
 
Lo cual no quiere decir, por cierto, que no habría resultado la gran banda que es, siquiera que podría haber seguido un camino muy similar. 

Sólo que cuando se tiene hermano mayor, la propia realidad ya no puede ser pensada con la autonomía que se piensa la del recién llegado. 

¿Y si el lugar de la potencia arrolladora era de Nirvana, entonces qué le quedaba al recién llegado? 

Una voz como las mejores que supo tener el rock. No por sus registros, que pueden resultar del montón, sino por su personalidad. 

En ese primer Pearl Jam todo parece estar puesto en función de las dotes interpretativas de Vedder, quien consigue sensibilizar hasta el estremecimiento en el armado de formas melódicas breves que tienen la conmoción de un cross. 

Sí, Pearl Jam te coloca. Y una vez que te puso, da unos segundos para evitar el knock out: la forma ideal de que se registre lo que el golpe quiso decir, y que se sobreviva para contarlo.

También le aportó uno de los mejores discos debuts de la historia: Ten, del que en breve se cumplen 20 años de su lanzamiento, que la banda prepara acompañar con un set box con DVDs y CDs que contienen versiones inéditas, conversaciones de grabación e imágenes hasta ahora sólo de consumo íntimo.


Por último, la idea de que el rock es música de ruta. Para escucharla en la ruta, pero sobre todo para hacerla girando. Atravesar países y geografías con la idea de presentarse la mayor cantidad de veces posible. 

Al estilo del fútbol: cuando más se juega, mejor; a diferencia del fútbol: hay que parar para hacer un disco, estar de nuevo en los medios de comunicación y mover la rueda del negocio. 

Pero el disco tranquilamente se puede hacer en la ruta. De hecho, varios de los grandes discos de la historia del rock surgieron durante giras; no el disco completo, sí las canciones que definían su idea.

Es un montón lo que aportaron los Pearl Jam a la música. Son dueños de una decena de canciones a escuchar de por vida. Do the Evolution, Once, Alive, Jeremy, Animal o Go, por dar algunos nombre. 

Y la historia no los recordará al momento de describir la evolución. No desmerece para nada: las biografías de los hermanos mayores vuelven a escribirse a la llegada del menor, y la de Nirvana sin duda lo hizo con la llegada de Pearl Jam. 

A la manera de los sesenta, en ese 1991 ambos editaron discos para cualquier antología: Nevermind y Ten.  

Pero mientras el de la banda de Cobain era el segundo de estudio, el de la de Vedder era el primero.

Y pocos cosas más perjudiciales debe haber que empezar por la cima (Orson Welles puede dar fe). No se trata de la calidad en sí de lo que se hizo, sino de cómo es recibido y considerado. 

El arte es una expresión, por lo tanto, es a compartir; y nada de lo que se comparte es totalmente propio: si así se pretende, mejor optar por el silencio.

Vs. es un muy buen disco. Quién sabe si en una escucha a la distancia y simultánea con Ten no se banca su comparación. 

Pero el público había dado su veredicto, y las expectativas eran extremadamente altas. A Nirvana le pasó algo similar con el sucesor de Nevermind, In Utero. 

Y luego de eso los hermanos ya no pudieron competir. Pearl Jam sintió la pérdida de tan magno rival, y la calidad se resintió hasta bien entrados los 2000.  

Pero ahí ya se había impuesto la idea trotamunda: a rodar y rodar, mimándose del cariño de los públicos del mundo, devolviéndoles una energía sin par. 

Por Jorge Belaunzarán (Asterisco) 

Páginas vistas en total