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Dime qué bragas llevas y te diré cómo eres

De algodón, tipo brasileñas, de cuello vuelto, tangas... Las que te pongas definen tu carácter.


Distintas tipologías de mujeres atendiendo a la lencería que usan
Siempre me ha parecido injusta y arbitraria esa clasificación de caracteres atendiendo al signo zodiacal o al color de pelo de las mujeres. "Si eres morena, serás por fuerza fogosa" y "si eres rubia, tonta" devienen en axiomas irreales por estadísticamente imposibles. A no ser que te hayas teñido no es algo que hayas elegido libremente y todos sabemos (...todos los culturistas saben...) que la voluntad es algo lo suficientemente poderoso como para que nos limite la genética  y la generalización.

Hay actos voluntarios que, sin embargo, si pueden dar buena medida de lo que somos en realidad. La decisión de dar la mano a una anciana a cruzar la calle o de estafar o no a Hacienda hace de nosotros lo que somos. Así pues,
si regalamos un ramo de flores a nuestra chica -sin que ellos sirva para encubrir una infidelidad de despedida de soltero- o nos paramos en medio de una comarcal a ayudar a cambiar una rueda a una joven damisela en apuros que no está ni de lejos buena, estamos siendo hijos de Dios. Eso nos hace buenos tipos sin reservas porque en nuestro libre albedrío hemos querido que sea así. 


La libertad de decisión nos define, insisto.

Es por ello que me atrevo a establecer que las mujeres son de una manera o de otra (hay muchos tipos y para gustos, los colores) por libre decisión y que hay una manera de descifrarlas y catalogarlas. Yo puedo saberlo atendiendo al tipo de bragas que llevan.

Mi experiencia como conocedor de la lencería femenina está limitada a las bragas que se les veían a las niñas en el patio del colegio cuando se levantaban la falda delante de la seño porque tenían pis, las que le he visto puestas a Patricia Conde cada vez que la han fichado para un anuncio de salvaslips y las que en mi humilde carrera sexual he descubierto como regalos preciosos.
Establezco aquí la primera lanza y argumento a mi favor. Me gusta un determinada tipo de chicas sonriente, dulce, sencilla (que, como insiste Torres Dulce fake, no es lo mismo que fácil), receptiva y desacomplejada. Casualmente casi todas aquellas que me han dejado atravesar la compuerta de su intimidad llevaban unas bragas muy similares, y es que el hombre le gusta tropezar muchas veces en la misma piedra preciosa.

Es por ello que he necesitado un poco de ayuda femenina cualificada para enumerar y para catalogar, y he de decir que según sus bragas, hay casi tantos tipos de mujeres como estrellas en el cielo. Abróchense los cinturones, que esto está a punto de comenzar. 


1. Braga de algodón de Bob Esponja
(también las hay en formato Betty Boop o Mi Pequeño Pony): Estamos hablando de gente emocionalmente muy inestable. Chicas que no han evolucionado nada desde el jardín de infancia aparte de en anchura de caderas. Lucir bragas de algodón durante toda una vida sin ningún tipo de curiosidad por nuevas texturas o estampados apunta nítidamente a un bloqueo emocional, a seguir peinando Nancys después de la jornada laboral y a salir de compras con mamá. Los dibujitos, reitero, no son divertidos sino ingenuos y hasta un poco espeluznantes

2. Las bragas culotes (brasileñas):
Es un rollo deportivo al que juega esta braga. Las hay de encaje y también sin costura, siendo estas el ejemplo más claro posible de la antilujuria, como si eres fetichista de los pies y te enseñan unas zapatillas Victoria. Las chicas que se las ponen tienen buen tipo (ayuda el que la edad media de su usuaria no alcance los 30 años), menos de un 10% de grasa corporal, nunca comen hidratos de carbono, hacen spinning, van a correr al parque con su perro, su plan favorito es una tarde en la bolera y les gusta el fútbol más que a ti. Estas del punto 2 son claramente las bragas más coyunturales de la muestra puesto que atienden a una moda pasajera. Pronto se irán y sus usuarias las cambiarán por otras que piten más en ese momento. Son bragas sin apego emocional. Bragas infieles por definición.

3. Bragas de cuello alto:
Son un cuadro estas bragas. Evocan a las pin-up de los años 50 y tapan carne donde nosotros querríamos ver precisamente carne, pero hay algo de misterio y de fascinación en su aura. Tal es su campo de cobertura que en muchas ocasiones lo que esconden debajo de ellas multiplica su misticismo por imprevisible. La arquitectura de un pubis cubierto por uno de estos especímenes se convierte en piedra rosetta y atrae la atención hacia sí si cabe con más intensidad. Mujeres encuestadas afirman que este modelo en particular nos acojona y nos pone especialmente nerviosos porque si nos lo encontramos sabemos que "tendremos que currar". Y yo no niego la mayor.

4. Tangas:
Hasta hace poco eran una braga destinada a la seducción como las ligas y los encajes lo fueron hace 20 años, pero a dia de hoy son moneda de cambio universal como el McDonald’s, como el Starbucks. Las niñas de 13 años quieren tanga, las de 60 se siguen poniendo tanga en ocasiones. Hay bragas bonitas y bragas feas, decía Rob Gordon en 'Alta fidelidad'. Y dejaba a su novia buenorra danesa porque cuando no se sentía flamenca se ponía bragas color carne (*) y con pelotillas, y eso era para él suponía la muerte del romanticismo y de la lujuria. Hoy, 12 años después de aquello, esa barrera es cada vez más residual y las segundas han entrado prácticamente en desuso durante la edad activa de casi toda mujer. El problema de la expansión incontrolada del tanga es que son bragas que se ponen para que otros (con la segunda 'o' mayúscula) al margen de ti disfruten. Son bragas escaparate, hilo dental de colores llamativos. Tengo amigas que con el yermo propósito de retrasar los embarazos de sus retoñas les dicen que los ginecólogos las desaconsejan de la misma manera que cuando aún existía el Boomer, nueve de cada diez dentistas recomendaban un chicle sin azúcar.

5. Minitangas:
Tal y como me cuenta la citada madre de dos quinceañeras en edad de rebelión, "las mujeres son capaces de acostumbrarse a  CUALQUIER COSA" (una cuerda entre los mofletes que ejerce, seguro, la misma incomodidad que cuando se te mete medio slip por donde nadie le ha llamado, una mota en el ojo o una piedra en el zapato). "Son capaces de decir que hasta un piercing es cómodo", dice amargamente.

6. Tanga de perlas:
Abundando en los dos epígrafes anteriores, recuerdo que me contaron una vez que una de las protagonistas de 'Sex And The City' llegó a vestir en cierto capítulo un tanga de perlas. Me cuesta esfuerzo y horror pensar que dentro de nuestra fauna ibérica pueda haber alguien con el poder adquisitivo o el porte necesario para vestir algo así fuera del fenotipo de Carmen Lomana, lo cual arroja una muestra muy concreta y nada extrapolable. Tanto es así que cuando alguien repose este artículo de alcance deleitándose con sus finas observaciones ultimará que hay ocho tipos de mujeres distintos y que luego está Carmen Lomana.

7. Bragas metálicas con candado de castidad:
Es casi al final de 'Las locas, locas aventuras de Robin Hood' que la Lady Marian de coña a la que finalmente rescata el galán de baratillo no puede llevar a cabo el coito con él debido a que una armadura metálica con cerradura gigante incorporada encarcela a su pubis. Son (metafóricamente hablando) las bragas color carne de las que os hablábamos en el asterisco del punto 4.

8. calzoncillos:
A estas no las vas a ganar. Si la mujer que las anuncia es Irina Shayk, no es por nada, amigos, pero preparaos para una cura de humildad. Diré más: si tienes la inmensa fortuna de toparte con una de estas mujeres que de tan seguras que están de su sexualidad no les hace falta siquiera soñar con encajes porque rebozadas en un charco de barro siguen brillando con la inmensa blanca intensidad de un millón de soles, olvídate de hacer el misionero nunca más. Aún en el caso de que los dos seáis heteros convencidos, no es descabellado pensar que alguna noche loker acabe enfundándose un arnés e intentando someterte. Qué le va a hacer. Nació para mandar.

9. Conjunto vacío:
Y luego están las naturistas. Las que no llevan nada. Las que van en plan comandos por la vida. No con vaqueros, que dan lugar a fricciones, lesiones e infecciones, pero sí debajo de la falda. "Me siento juguetona", dice en el restaurante italiano al que la has invitado y a la vez que te come la boca te mete su ropa interior en el bolsillo de la americana a ver si eres capaz de capear el temporal de rubor con vergüenza torera. La vida con ella nunca va a ser aburrida y tu rutina sexual se convertirá en un festival continuo en el que te será muy útil proveerte del casco de Homer, solo que cambiando las latas de cerveza por un par de Aquarius. Sin embargo, esta bomba de relojería no tardará en reventar por algún sitio, y, si no acabas muerto de celos porque ella vaya en culos todo el tiempo y los hombres de su alrededor lo perciban y la codicien, lo normal es que termine intentando quemarte la casa como aquella novia que tuvo Brandon cuando le expliques que lo vuestro era algo pasajero.

Dicho lo cual, todas y cada una de las divisiones establecidas contiene las incontestables virtudes de las mujeres, que nos gustan porque son suaves y huelen bien, aunque inevitablemente ello va solapado a cada una de las taras y rarezas propuestas por un servidor de ustedes. Así pues, mi consejo, llegados a este punto es que fisguen en el cajón de la ropa interior de sus madres, se fijen en lo que allí hay y búsquense una chica que las lleve iguales. Es un poco desviado, sí, pero saben que es garantía de calidad.

Fuente:Revista GQ


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