Santana cumple años y las guitarras levitan

¿Habrá estado tarareando el tema de The Beatles, When I'm Sixty-Four, durante esta tarde? Es que Carlos Santana, glorioso guitarrista mexicano, místico de las seis cuerdas, cantó los 64. Héroe del rock latino, reconocido a nivel mundial. 


Shaman. Así se llama un disco de Santana. Sin embargo, es mucho más que eso. Es toda una definición. El shamán es un individuo que ha atravesado en vida por saberes y preparaciones inconcebibles para el hombre occidental y moderno, usualmente sumido en el minuto a minuto diario, y perdido en el tiempo.

Ese ser shamánico, al que se le atribuye la capacidad de modificar la realidad o la percepción que ha sido acordada en forma colectiva, consigue esa apertura a través del conocimiento y la disciplina. Ese transporte místico es lo que ha conseguido Santana a través de los años, en su relación sobrehumana con el instrumento. Como Jim Morrison y sus poemas dionísiacos, como Jimmy Hendrix y sus guitarras aullantes.

Carlos Augusto Santana Alves nació el 20 de julio de 1947 en Autlán de Navarro, Jalisco, México. Desde 1965, su espíritu compositivo lo ha llevado a recorrer los más diversos estilos musicales y compartido historias con personajes de la talla de Eric Clapton, Michael Jackson, Chad Kroeger, Michelle Branch, Steven Tyler, Nickelback, Shakira, entre otros.

La fría crónica dirá que es un guitarrista mexicano de jazz rock y rock latino, multipremiado. Pero lo cierto es que, más allá de los reconocimientos físicos y tangibles, lo que destaca a Santana entre sus contemporáneos guitarristas, es la relación que ha mantenido con el instrumento, y los sonidos que ha logrado hacer parir de su vientre.

Texturas únicas, irrepetibles, con una delicadeza tal que ha influido certeramente en muchos músicos contemporáneos. Quizá, parte del secreto, -si es que hay un secreto a la hora de componer bajo los designios del alma desnuda-, es que su padre era músico popular. Fue violinista en una banda de mariachis.  


Entonces, con esa raíz, ese crisol de sonidos con que el pequeño Carlos creció, fue determinante a la hora de acercarse a instrumentos de cuerdas. Aprendió a tocar el violín, pero lo cambió por la guitarra cuando tenía ocho años.

Fue delineando su estilo tocando encima de viejas grabaciones de B.B. King, T-Bone Walker y John Lee Hooker. Comenzó como todos los rockeros, aprovechando el hecho de poder expresarse en todos los lugares donde se podía tocar, hasta que en 1961 se mudó a San Francisco, California.


Durante algún tiempo, a principios de los 70, Santana adoptó el nombre "Devadip", otorgado por el líder espiritual Sri Chinmoy. Sumido en esa espiritualidad y el desarrollo de los demás sentidos, más allá de los cinco materialmente conocidos, Carlos comenzó a encontrar "palabras en forma de sonidos", y entablar diálogos trascendentales a través de su magia musical. 


Devoto de la Virgen de Guadalupe, volcó al mundo una gran cantidad de álbumes en los 1970 y 1980. Colaboró con John Lee Hooker, Willie Nelson, Herbie Hancock, Booker T. Jones, Wayne Shorter, Ron Carter y The Fabulous Thunderbirds. Hombre de los mil festivales, de Woodstock a Valparaíso. Guitarras Les Paul que llevan su nombre. Eternidad.

Su resurgimiento a nivel mundial llegó en 1999 con el lanzamiento de Supernatural, disco en el cual lo acompañaron músicos como Rob Thomas, Eric Clapton, Lauryn Hill, Wyclef Jean, Dave Matthews y Maná. Supernatural se hizo platino 25 veces, fue el álbum de Santana de mayor venta, alcanzando número uno en la lista Billboard y manteniendo esa posición por 12 meses y ganando nueve Premios Grammy.

Otro aniversario. Apenas 64. Podrá juntarse con Paul Mc Cartney y zapar un rato "When I'm sixty four", aquella dulce canción que –según cuenta la leyenda- fue un regalo de cumpleaños, de Paul a su padre. Santana creó fascinación. Exaltación. Cambios abruptos y melodías maravillosas. Encantó a su público con su música, su impronta, sus mensajes de paz y amor, comprensión y pasión por la vida. Creativo, hechicero, leyenda del rock. Así es Carlos Santana. 

Por Diego Pintos @diegopintos  (ElArgentino.Com)

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