Los 70 de Bob Dylan

Andrés Calamaro, Nacho Vegas y Federico Kempff repasan la influencia del autor de "Like a Rolling Stone" en sus vidas en su septuagésimo cumpleaños.

El mes pasado, en Ho Chi Minh.

Como bien lo demostró Todd Haynes en I'm Not There, no existe UN Bob Dylan. El chico tímido del Tin Pan Alley neoyorquino, el rockero que asustó audiencias en Newport y Manchester con tan solo empuñar una guitarra eléctrica, el revisionista folk, el observador cínico en su madurez; todos y ninguno son él. Con más de cincuenta años de trayectoria, Robert Zimmerman cultivó una carrera que tras 34 discos de estudio todavía sigue sin poder dar una forma única a su protagonista. Los cambios de género marcan la constante en su derrotero: de la canción de protesta al rock y de ahí al folk, para luego volver al rock. Y siempre con una impronta tan particular como característica. Tanto por su música como por su prosa (que le valió ser nominado ocho veces consecutivas al Premio Nobel de Literatura, nada menos), la figura de Bob Dylan es referente obligado en el rock. Por eso mismo, no sorprende que su obra siga dejando su impronta en prácticamente cada persona que alguna vez haya apoyado sus manos en una guitarra. Feliz en tu día, Bob.


Andrés Calamaro: Compartimos una gira con Bob Dylan en 1999. La "ensayamos" en un apartamento de Madrid -con Guillermo (Martín) y Candy- en dos tardes. Abrimos en ocho de los doce conciertos que dio en España, aparecíamos en los sitios más grandes: Santiago de Compostela, San Sebastián, Madrid (Palacio de los Deportes), Granada, Málaga (plaza de toros), Zaragoza y Barcelona (que fue el último compartiendo escenario). El sonido lo hacían los ingenieros o asistentes de "ellos"; nosotros pedimos tres líneas para las guitarras y tres micrófonos. Viajábamos en una combi (furgoneta) con Víctor (representante), Alvarito (asistente) y las guitarras. Probábamos sonido y me quedaba a comer (una cena temprano estilo americano) con la crew de BD en los recintos. Dylan fue atento y cordial, parece que prefiere un trato amable y cercano (el día que nos presentamos estábamos con Bebe al costado del escenario y Bob apareció con la cabeza envuelta en una toalla, le dio la mano primero a BBC, después me dio las dos manos y me dijo que tenía muchas ganas de conocerme "Genio"). Creo que no quiere "creerse Bob Dylan"; no se llama Dylan pero es Bob desde hace cincuenta años y es probablemente el músico/artista de Rock más brillante, influyente y respetado de la historia.


Casi siempre teníamos un intercambio amable de palabras antes o después de tocar; en Andalucía me indicó que vea su set desde la fila cero los primeros temas y después me suba discretamente al escenario para seguir el recital desde el "fortín" del asistente de las guitarras (Gibson acústicas, Strato del Custom Shop a un Matchless Chieftain), ¡y aprendí que en las giras de Bob no se puede decir "Bob Dylan"! Como ya conocíamos a parte del Staff de los River con los Stones (¡donde era Dylan el que abría!), todo bastante amable de movida. Pero yo estaba bastante "salvaje" porque ameritaba vicios variados y peligrosos y estaba bien suministrado gracias a la "african connection" del barrio de Malasaña. Dylan estaba fuerte y la banda era muy buena; algún concierto fue un seleccionado de canciones más conocidas, otros fueron más "oscuros" o especialmente potentes de rock y guitarras. Nosotros nos parábamos en el escenario como podíamos, con Guille y Candy en sillas altas y yo haciendo equilibrio. Tocábamos nuestras canciones más "Can't Help Falling in Love With You" y "Seven Days". Dylan escuchó "encapuchado" nuestro primer set en Galicia y me pidió Honestidad Brutal. Él tocaba muy concentrado en las guitarras minimalistas, reformulando e interpretando sus canciones con sensibilidad y gracia (Brave & Funny); hacía un concierto diferente según el feeling del público, nada de fotos ni romper las bolas más grandes de Minessotta. Espero poder saludarlo y darle la mano de nuevo; realmente me gustaría mucho darle la mano de nuevo.


Nacho Vegas: Creo que para cualquiera que haga canciones, o al menos la gran mayoría, Dylan es un maestro, un referente. Lo que me he dado cuenta es que es alguien sobre quien puedes volver siempre; a mí me gustan todas sus épocas, soy fan de todas, inclusive de aquellas en las que en principio me tiraban más para atrás. Te vas metiendo en su universo y ves a alguien a quien le ha llevado toda una vida hacer esa obra tan inmensa y que a uno le llevaría varias más poder escucharla por completo. Hay tantos Dylan diferentes: el de los '60, el de los '70, el de fines de esa década y principios de los '80, el Dylan de Love & Theft y Time Out of Mind. Es alguien de quien siempre puedes aprender algo; tiene una manera de expresarse a través de las canciones que lo vuelve uno de los que convirtió la canción en un lenguaje realmente tan expresivo como cualquier otra disciplina artística.


Federico Kempff (Fede Kempff & Tarantinos): Creo que a mis 12 o 13 años escuché por primera vez "Blowin' in the Wind". No tenía mucha idea de qué se trataba esa canción, lo que si sabía era que me estaban pasando cosas con ella. Era una cuestión de tipo de sonido y de tipo de canción que después supe que cultivaba Dylan: esa cosa folk y rock, su manera de cantar, sus grandes e impecables melodías y un tiempo después y con trabajo, sus letras. Terminé escuchando muchísimo a Dylan y se complica si tengo que nombrar discos que me matan de él. Puedo decir Blonde On Blonde, Blood On The Tracks y, más recientemente Modern Times, por citar algunos. Dylan y su eterna fábrica de canciones (folk, sureñas, rockeras) creo que tienen algo que ver cuando hago una canción. Ese incansable vagar por ciudades como un juglar eterno, su Never Ending Tour desde hace años. son muchísimas las cosas de él que me identifican y celebro que a sus 70 años siga tan vigente y vivo como en la época de sus primeros discos.

Por Joaquín Vismara.
 




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Fuente: Rolling Stone Argentina.
Videos: YouTube/Canal de BobDylanVEVO. 

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