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Casi Justicia Social: el show después de la condena

Tras el fallo que declaró a los músicos de Callejeros culpables de "incendio culposo seguido de muerte en concurso real con cohecho activo", Pato Fontanet volvió a subirse a un escenario con su nueva banda y se abstuvo de hacer cualquier comentario sobre su situación judicial.


Aunque los puesteros hayan sumado a su oferta habitual de remeras de la banda nuevos modelos estampados que dicen Casi Justicia Social y aunque esta noche Pato Fontanet vaya a subirse al escenario con una remera que en su espalda también diga Casi Justicia Social, acá todos vinieron a ver a Callejeros. Que las tres letras del logo de la banda ahora quieran decir otra cosa y que gran parte de los músicos sean nuevos, parece ser un detalle más bien administrativo que a los fanáticos del grupo los tiene sin cuidado.

Son las cinco de la tarde y en la placita frente al estadio cubierto de Unión de Santa Fe, un Ford Falcon negro con dos tremendos parlantes encastrados en el baúl, funciona como un soundsystem low-fi para las tribus callejeras, que bailan en círculos alrededor de la música, sacudiéndose el frío de la espera, cantando los temas del disco Roncaroles sin destino que gira sin parar en el stereo del auto.

"Para mí sigue siendo Callejeros", dice Francisco, un chico rubio de rulos, que tiene 14 años y llegó esta mañana con cuatro amigos en uno de los ocho micros que salieron desde Rosario. El 30 de diciembre de 2004, cuando el humo negro de la media sombra de Cromañón se tragó el aire del lugar y el show de Callejeros se convirtió en la consumación más espantosa del sacrificio y rock and roll, Francisco tenía 7 años y, por supuesto, no tenía idea de qué carajo era Callejeros. Dice que tiene un recuerdo difuso de haber visto la noticia por televisión y una idea todavía más difusa de los enredos judiciales de la causa.

"Una cosa es ir a ver una banda, otra cosa es apoyarla y otra es juzgarla, yo sólo los vengo a ver", dice un rato después Josefina, una chica de Rafaela que tiene 19, flequillito muy prolijo sobre la frente, pullover de llama y está en primer año de Derecho. "En la facultad estudiamos un poco el caso y yo creo que todos son responsables, pero no sé... no creo que los músicos tengan que ir presos", agrega. Hay toda una nueva generación de fanáticos que va a los shows de CJS y empezó a escuchar los discos Callejeros después de Cromañón, que convirtió a Pato Fontanet en su ídolo después de que él y su banda se transformaran en un grupo de rock perseguido por la justicia y los shows se volvieran algo casi clandestino.

Estrictamente, este es el primer show de CJS después de que la Cámara de Casación Penal haya condenado a los músicos de Callejeros por "incendio culposo seguido de muerte en concurso real con cohecho activo" que podría significarles una pena de dos a once años de prisión. El fallo además implicó una reducción de la calificación a Omar Chabán y a Raúl Villareal y el agravamiento de las acusaciones contra los funcionarios porteños imputados. 

Después de que el gobierno municipal les prohibiera tocar en la Estación Belgrano tras la queja de familiares de las víctimas de Cromañón, el grupo tuvo que cambiar la fecha al estadio cubierto de Unión.

Sin embargo, al filo de las nueve, cuando el grupo sale al escenario y el show arranca con "Puede", del disco Señales, "Sé que no sé", de Roncaroles sin destino, y "Acordate", uno de los temas nuevos, lo que viene es una ráfaga de clásicos callejeros sin respiro y sin una palabra de Pato entre canción y canción.

"Buenas noches Santa Fe...", va a ser su primera frase hacia el público, media hora después de arrancar el show, cuando la banda termine de tocar "Una nueva noche fría". Tras la disolución casi completa de la formación original de Callejeros, salvo por el bajista Cristian Torrejón y él, Pato formó una especie de super grupo de la escena stone, fichando en la primera guitarra a Álvaro Pedi Puentes (ex Jóvenes Pordioseros), en la segunda a Crispín (ex plomo de Callejeros, que se sumó en 2009 tras la idea de Maximiliano Djerfy), en batería a Luis Lamas (de Ojos Locos) y en saxo a Leopoldo Janín (que suele colaborar con La Renga y tiene su grupo jazzero); la banda suena contundente.

Sobre el escenario, Pato es un líder con un carisma esquivo, un frontman desabrido y fascinante al mismo tiempo, que aunque se limita a caminar a través del tablado y apenas varía sus gestos, es casi imposible sacarle los ojos de encima. Cuando canta, entrecierra ojos, mirando hacia un lugar que parece estar mucho más lejos que el fondo del campo, un lugar que no existe del todo, mientras recita esos refranes de tres minutos sin solución que sabe construir tan bien, nunca demasiado concretos, porque él no es un cronista alucinado y suburbano como Pity, él es más bien un observador existencial del bien y del mal en las esquinas del barrio.

Después de que Eli Suárez, de Gardelitos, suba para tocar dos temas con su guitarra, la cosa termina con "Suerte", un track lento y todavía inédito que ya se convirtió en himno. Pato no va a hacer ninguna mención a su situación judicial, por la que puede terminar preso; pero cinco minutos después, cuando junto a sus compañeros se pare sobre el borde del escenario para despedirse de sus fans, va a quedar claro por qué. Todos los que están acá apoyando a la banda, ya tomaron una posición con solo venir y tienen muy claro qué es lo que piensan. Como despedida, la única referencia concreta al asunto llega desde el público como una especie de bendición pagana. Con las luces ya prendidas, los fanáticos empiezan a cantar: "¡Inocentes! ¡Inocentes! ¡Inocentes!"

Por Juan Morris 














Fotos de Cecilia De Paula.
Fuente: Revista Rolling Stone.

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