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“Siempre renegué de Gran Hermano”

Jowi Campobassi, panelista políticamente incorrecta, participa del debate del reality, pero también es la periodista de espectáculos del noticiero de Telefé. Quiere actuar y asegura ser la peor de todas. 


El lugar elegido para la entrevista no era el mejor. Las oficinas de Telefé Noticias en Constitución son lo más parecido a un iceberg con forma de laberinto. Y si encima, para subir al primer piso, hay que pasar la barrera de Jorgesupongamos por un momento que ese es el nombre del señor en cuestión– todo se hace más confuso, extraño, también podríamos decir bizarro. Porque Jorge, en su función de encargado de seguridad del edificio, es un tipo de pocas pulgas al que no le gusta que le pregunten las cosas dos veces. Un hombre que conoce a la perfección cada ambiente de los estudios, que habla pausado y modula con gran dicción, que coloca su dedo índice en la palma de su mano para dibujar un mapa imaginario, pero que se obsesionó tanto con aquellas “Instrucciones para subir una escalera”, de Julio Cortázar, que no puede reducir a su mínima expresión una acción tan simple. Y encima se enoja.

Son las 17.15 y Jowi Campobassi avisa por teléfono que ya está ingresando al edificio. A juzgar por la velocidad con la que llega al lugar de encuentro se puede presumir que Jorge no sacó a relucir su mapamundi manual. “¿Cómo va? Perdón, pero se quedó el subte y tuve que esperar el siguiente”, se disculpa con voz grave y mirada fija. Y continúa derribando el mito absurdo de que detrás de toda persona que trabaja en la tele hay un auto último modelo: “No manejo, ni me interesa. Mi relación más directa con los autos fue haber puesto la voz para una empresa que vendía planes por teléfono”, asegura la especialista en espectáculos del noticiero de Telefé Noticias, quien alguna vez fue doblajista, locutora y hasta protagonizó videoclips de bandas como Los Caballeros de la Quema y Carajo. En la actualidad, además, participa como panelista de Gran Hermano el Debate. “Cuando me ofrecieron estar en el reality lo dudé. Siempre renegué del formato. Y no me imaginaba de qué manera podía aportar algo. Pero después me di cuenta de que mi función no era criticar a los participantes”.

¿Y de qué renegaba?

–De lo que siempre reniego es del chisme. Porque al principio no sabía cuál iba a ser el límite entre hablar de los chicos adentro de la casa y que te anden contando cosas del pasado. No quería tener que opinar sobre eso porque a mí lo único que me importa de ellos es su presente.

¿Cuántas horas del programa ve por día?

–Todo depende del cuelgue. Si justo engancho algún conflicto lo miro, pero si no, repaso lo que me muestran desde la producción. Cuando no estaba acá me colgaba mirando cómo dormía un pibe, porque todos tenemos algo de voyeur. Eso sí, si no estuviera laburando no lo vería tanto.

–La característica principal de esta emisión de Gran Hermano es la rebeldía que intentan transmitir los participantes. ¿Cuáles cree que son las diferencias en relación a las versiones anteriores del reality?

–Ahora están más curtidos. Saben lo que puede pasar afuera. Son cancheritos y están subidos a un caballo; si hasta te hablan de rating. Pero no entienden que no están en el servicio militar ni en una colonia de vacaciones. Acá no hay ningún Gastón Trezeguet, que se comunicaba con una piba a través de un libro. Un verdadero jugador. Estos pibes no saben ni lo que es un libro.

¿Cuál es su candidato?

–Me gusta Alejandro porque no se mete en quilombos, y eso es jugar. Creo que es el más sensato dentro de un grupo interesante en el que abundan los lindos, los pibes bien y los que son humildes hasta ahí.

¿Cree que puede ganar?

–Sí, por su situación –N. de R.: tiene disforia de género– es el que merece la plata. Al principio no sabía cómo iba a jugar, porque no se le puede tener lástima toda la vida a una persona. Pero aprendió a hacerlo bien.

¿Qué significaría en términos sociales su triunfo?

–Su condición está en segundo plano, porque si destacás todo el tiempo eso nunca lo terminás de integrar. Pero su triunfo sería un avance para lograr abrirle la cabeza a un montón de gente.

¿Alguna vez se imaginó dentro de la casa?

–Jamás. Porque cuando estás afuera sos como omnipotente y eso se disfruta. Adentro, me volvería loca porque hay un montón de cosas de mi vida cotidiana que no podría dejar.

¿Por ejemplo?

–El cigarrillo, la comida, prender y apagar la luz cuando quiera. Hay una exposición demasiado grande. Ahora mi lugar es analizar y opinar a través de un personaje no tan personal. Pero no entraría.

–Le doy dos opciones: ¿guionado o muy bien editado?

–No está guionado, pero en la casa pasan muchas cosas y no se puede mostrar todo. Se selecciona lo más interesante. Lo bueno es que cuando salen los participantes pueden dar su versión.

–Le cambio la pregunta: cuando no formaba parte del programa. ¿pensaba que estaba guionado?

–Sí, de hecho pensaba que había un productor infiltrado o un actor. Pero ahora me doy cuenta de que no es así.

–Hace unos meses, Eduardo Nocera, ex participante del reality El Bar, sostuvo que los realities son una violación constante a los derechos humanos. ¿Qué opina?

–Que a nadie le ponen un chumbo para entrar. Todos firman un contrato y entiendo que algunos ni lo leen porque ya están adentro. Es muy fácil quejarse, pero acá no se violan los derechos humanos. Yo no me pregunto nunca por qué entran, sino para qué.

–En los primeros meses del programa discutió muy fuerte con la madre de una participante. ¿Pensó que podría llegar a algo así cuando decidió formar parte del panel?

–No, pero me pareció bárbaro que la madre la defendiera. Se equivocó cuando dijo que yo había influenciado para que ella salga. Si pudiera influenciar no estaría sentada en el panel de Gran Hermano.

¿Y dónde estaría?

–Haciendo otras cosas. Con ese poder de convocatoria me hago monja para armarme una congregación de fieles, o me pongo de DJ y me hago una superfiesta para cien mil personas. Eso sí, nada de presidenta.

¿Por qué?

–Porque no me da la cabeza. Hay que ser honesta. Uno tiene que conocer sus limitaciones. No me quiero poner ahí.

¿Y con la actuación cómo se lleva?

–Me gustaría hacer una participación en alguna tira. Pero, ojo, tengo claro que sería la peor de todas.  

Por Bruno Lazzaro
 
Fuente: ElArgentino.Com

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