Cosquín Rock 2011: día uno

Calle 13, Las Pelotas, Babasónicos y muchos más, se presentaron en la primera jornada del festival cordobés; crónica y fotos


CRÓNICA

¿Es el Cosquín Rock la versión cordobesa de Glastonbury, o es un Pepsi Music rural en el que se vende fernet? 

De acuerdo al line up de la fecha inicial, encabezado por artistas festivaleros por default (y apenas un par de visitantes foráneos que, de todos modos, vienen bastante seguido), la segunda opción no parece tan fuera de lugar. 

Sin embargo, las características del nuevo predio (el aeródromo de Santa María de Punilla, básicamente una gigantesca extensión de pasto con los dos escenarios principales ubicados a no menos de 500 metros uno del otro) y -sobre todo- la manifiesta intención de la organización de levantar la puntería desde lo musical, sumar variedad y despegarse de su clásica sinonimia con lo ritual para acercarse al puro concierto lo convierten, no en un evento a la altura del encuentro anual británico (cuestión de nombres, imaginarán), pero sí en una experiencia disfrutable. 

Y además, sí, las sierras como fondo de la postal y muchas, muchas más estrellas que en la ciudad, y casi con eso basta.

¡In your face, pronóstico del tiempo! Con unas tantas nubes pero con sol y después, sí, estrellas, la primera jornada del festival que (y acá otra razón para emparentarlo con el Glasto) se caracteriza por generar una gran lucha en el fango (en el peor de los sentidos posibles), les cerró la boca a los incrédulos y transcurrió sin que el cielo derramara ni una gota de agua. Faltan dos días, no cantemos victoria aún...

La penetración del discurso ideológico (o demagógico, según del lado del abismo que separa a sus seguidores de sus detractores desde el cual se lo mire), la bajada de línea que a esta altura ya se reconoce como marca registrada de los Calle 13 siempre, siempre "viene sin lubricación". 

El territorio serrano no tendría porqué funcionar como excepción; si vas a ver a Calle 13, vas a ver a René poniendo fichas para combatir el "eje del mal", el "cruel imperialismo que somete a los pobres", arengando a los "desprotegidos", aquellos que él mismo unifica bajo el concepto de "su sangre", para portarse mal y mandar todo al carajo y tal. 

Por eso, y más allá de su -a esta altura- eterna necesidad de demostrar que no se pueden catalogar bajo el rótulo reggaetonero que los persigue, su show en el Cosquín Rock fue una nueva puesta en escena de toda esa carga política o politizada y politizante. 

Obvio que el poliritmo de esa multi-orquesta festiva (y el triunvirato fraternal triunfante: Residente como el MC carismático, Visitante como el creativo taciturno, PG13 como la hechicera de voz y movimientos encantadores) efectiviza aquella penetración, internalizando esos dardos en forma de danza. "El baile de los pobres", "Pal norte", "La cumbia de los aburridos", "Fiesta de locos": hasta sus enemigos más íntimos, imaginarios o reales, perrean y no hay con qué darle.

Por el mismo escenario principal ya habían pasado los Estelares y también Emma Horvilleur, que aprovechó la hora del show de los platenses para charlar con los boricuas en sus camarines. 

Calle 13 fue uno de los nombres internacionales de la jornada, y de todo el festival (el otro fue CJ Ramone), pero su convocatoria podría haber sido mejor aprovechada: a las siete y pico de la tarde, el predio recién empezaba a llenarse. 

La cosa se puso un poco más agitada cuando los uruguayos (bueno, otra visita literalmente internacional pero...) de La Vela Puerca. 

Clásicos en nuestros festivales porteños, los dos Sebastianes, el Enano y el Cebolla, se cargaron un setlist ska-reggae-funk-punk equilibrado (arriba "El bandido salto de mata", abajo con "Vuelan palos", por ejemplo) e hicieron el primer comentario anti-punga del evento: "Hace un rato Germán Daffunchio nos vino a pedir que digamos que hay tres o cuatro choreando por ahí. Pónganse las pilas, loco". 

El balance final de choreos dirá.

Siguiendo la notable no-línea musical de la escena principal, los Babasónicos subieron a rockear y. rockear. 

Dargelos, violador pantalón de cuero, en pose diva total como de costumbre y una seguidilla de hitazos de ayer y de hoy: "Pendejo", "Soy Rock", "Carismático" y "Cuello Rojo", "Rabioso" y la confirmación de la imbatible efectividad de Mucho. 

El adelanto de su sucesor, prometido vía Twitter, fue "Fiesta popular", una poderosa, pesada, oda antiburguesa ("Chicas ricas no tengan miedo, esto es sólo una fiesta popular, chicos ricos no se asusten tanto, esto es sólo una fiesta popular"). ¿Calmada la ansiedad por la llegada del esperado A propósito? No, queremos más. 

Antes de los bises, el cierre con los hermanos Rodríguez haciendo su rutina, como los Ross y Mónica Geller del subdesarrollo, para "Microdancing" y la dedicación de "El ídolo" a Gustavo Cerati, para que "regrese en la piel de una canción, alguna vez".

Precisamente en ese mismo sentido (el de la impotencia ante la fatalidad, quizás), el show de Las Pelotas, se sabía, iba a estar cargado de la pesada energía que toda desaparición física trae aparejada: la sorpresiva muerte de Tavo Kupinksi, colaborador y ex violero de Los Piojos, dejó su marca también en la formación de la banda liderada por Daffunchio. 

Pablo Guerra lo reemplazó durante un show que empezó con el fuck you multitudinario a la puta madre patria de "Capitán América" y siguió la línea furiosa con sus "¡ratas!" y sus "¡bastas!". 

También, las ovejas balaron desperdigadas por toda la "Plaza Próspero Montaña" (como llamó el cantante al predio) con "Corderos en la noche", pero el momento necesariamente inevitable llegó. 

Sentado en un sillón, Daffunchio hizo referencia a un "ángel más que tenemos en el cielo" y dedicó a Tavo "Pasajeros". "Bien, quizás fue una burla del destino" y, la pucha, en este primer día no habrá habido agua cayendo del cielo pero sí unas cuantas lágrimas derramadas.


Del otro lado, era todo risas hasta que llegó C.J. Porque sí, el segundo escenario representó a lo largo de la tarde/noche el mayor vórtice de buena onda de la historia festivalera, conjugando inesperadas arengas políticas, exhortaciones a luchar por los sueños y aguantes varios a gente que lo merece, o no. 

Massacre, por ejemplo, generó uno de los desconciertos más grandes de la jornada, dedicándole su set a "el mejor presidente que tuvimos en los últimos 30 años: Néstor Kirchner", consigna que fue respondida con algunos aplausos, unos pocos silbidos y una demostración colectiva de no tener idea de para dónde agarrar. 

Eso, más clásicos de la alternativa local como "Te leo al revés", hits nuevecitos como "La reina de Marte" y mini-covers como el de "A Forest" de The Cure, redondearon un show que de tan energético a veces roza lo pastoral. "Tenemos una sola vida, y yo elegí patear siempre al arco", expone un Walas di-vi-no con mini short animal print: de eso hablamos.

Lo de Carajo, en tanto, es una contradicción en ciernes, con un mensaje espiritual que te acaricia y un sonido virulento que te emboca en el medio de la trompa. 

Es claro: el trío es cada vez menos Papa Roach y más Pantera, y no sólo por el medley del grupo de Dimebag al que nos tienen acostumbrados. La contundencia que se plasma en su último disco Mar de las almas se nota en el vivo, y la opinión es unánime: ya está, terminaron de crecer.

Attaque 77, en tanto, es dos bandas en una: desprolija y previsible en sus temas de lírica protestona adolescente, e irresistible (quizás por la memoria emotiva del receptor, pero también por el oficio del emisor) en esas canciones de amor podrido de épica ramonera y melodías pegotas, como las inmortales "Espadas y serpientes" y "Donde las águilas se atreven". 

Ahí es cuando triunfa el trío (ampliado con el teclado de Lucas Ninci): en el momento en el que nos recuerda a la deliciosa mugre de sus inicios.

Y para el final, decíamos, se cortó el chorro de la bajada de línea con C.J. Ramone, el gurrumín de los creadores del punk, reconvertido en un tributista acérrimo de la banda que lo supo albergar con uno, dos, mil covers: "Sheena is a Punk Rocker", "I Wanna Be Your Boyfriend", "Poison Heart", "Strenght to Endure" y siguen las firmas. 

Con la pericia estándar de las múltiples bandas ramoneras ortodoxas que pululan por este planeta, C.J. cumplió con su misión nostálgica para fans... y no mucho más.

Por Diego Mancusi y Yamila Trautman.

FOTOS 

Attaque 77.



CJ Ramone.


Estelares.




La Vela Puerca.




Calle 13.








Las Pelotas.



Babasónicos.



El publico. 


Fotos: José Luis García y Santiago Filipuzzi.

Fuente: Revista Rolling Stone de Argentina.
Fotos: Archivo RS.

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