Amigos con derechos... y el viejo dilema del sexo con o sin amor

Este jueves se estrena el film protagonizado por Portman y Kutcher, y dirigida por Ivan Reitman.


“La amistad puede convertirse en amor. El amor en amistad... nunca”, aseveraba Albert Camus, emblema de la literatura existencialista. ¿Y cuántas cosas afectan, atraviesan e impactan en nuestros complejos dilemas existenciales como el sexo y el amor? ¿Qué otros temas han sido más abordados e indagados por las artes o nuestras cotidianas disertaciones? Lo bueno de ambos es que nunca se agotan y una y otra vez recurrimos en intentar descifrar su misterio y encanto. Lo malo es que en esa empresa, surgen películas que definen el límite entre lo recurrente… y decididamente reiterativo. Amigos con derechos es una de ellas. 

Pero ojo: como en el sexo y el amor, nunca hay que cerrar la puerta de entrada. Y la dupla Ashton Kutcher y Natalie Portaman puede resulta atractiva a priori. El galán torpe y bonito (que la experimentada Demi Moore bien supo “apropiarse”) y la talentosa y más bella Natalie Portman se pusieron bajo las órdenes del director Ivan Retiman, quien dirigió, entre otras, Ghostbusters… y cabe recordar en esta ocasión, Mi súper ex novia. Es que el film transita por ese terreno harto conocido: una comedia romántica y ligera, bien acabada y con ítems que sirven como buenos anzuelos para jóvenes adultos.

A pesar de su apariencia simple, el director declaró que trabajó “con la guionista Elizabeth Meriwether durante casi tres años y cada evolución del libreto me intrigó. 

Es un relato sobre personas que se enfrentan a un dilema muy contemporáneo. Sus personajes son personas interesantes y muy divertidas que hablan francamente sobre el amor y el sexo”.

El eje del film es simple: Emma (Portman) y Adam (Ashton Kutcher) son amigos de toda la vida: fueron a la misma escuela e incluso ella lo rechazó cuando tenían catorce años. Ya adultos, se reencuentran por azar y sin muchos rodeos terminan teniendo sexo una mañana, con lo que casi logran arruinar todo, según ellos creen. Para proteger su amistad, hacen un pacto de mantener la relación estrictamente “libre, sin ataduras”. ¡Puf! ¿Ya escucharon esto alguna vez, no?  ¿Qué significa? Nada de celos, ni expectativas, ni peleas, ni flores, ni vocecitas de bebé ni “cuchi” ni “gordi” ni “honey”. Significa que pueden hacer lo que quieran, cuando quieran, en el lugar que quieran, siempre y cuando no se enamoren. Pero las preguntas no tardarán en aparecer y la respuesta menos cuando tu amigo no sólo no tiene bigotes… ¡sino que  encima es Natalie Portman!

La guionista Elizabeth Meriwether cuenta que lo que le “atrajo la idea de una historia de amor que comienza con un beso en vez de terminar con uno. Eso es lo que sucede ocasionalmente en la vida real y como alguien a quien la encantan las comedias románticas, quise escribir una que fuera moderna y un poco fuera de lo común”. Más allá de las intenciones, quizás en lo “común” resida el éxito o el fracaso: común por universal y también por previsible. 

Su director, obviamente, resalta la primera acepción: “Pienso que lo irresistible del film es el concepto que para los adultos jóvenes contemporáneos es más fácil tener sexo con alguien que establecer una relación romántica. Eso fue lo que me interesó. Hace aproximadamente 20 años, Harry y Sally nos preguntó si un hombre y una mujer podían ser amigos sin que el sexo se interpusiera. Francamente, pienso que el interrogante ahora es: ¿Es posible que un hombre y una mujer tengan una relación puramente sexual sin que las emociones se interpongan?".

La idea es buena, pero claro, esto no es Cuando Harry… y entonces uno se pregunta: ¿Es posible que una comedia romántica no se interponga con la obviedad? Sí… pero encontrarla es tan difícil como hallar el mismísimo amor. 

Fuentes: Diario Tiempo Argentino.
Foto: Archivo.

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