Una mirada al más allá sin melodramas ni dejos místicos

El nuevo film de Clint Eastwood explora la relación entre los vivos y los muertos.


Una conductora de tevé, un psíquico y un chico que perdió a su gemelo son los protagonistas de esta historia íntima y muy  humana.  

Si bien Clint Eastwood ya hizo una incursión en el universo del cine sobrenatural con el western “El jinete pálido” (“Pale Rider”, de 1985, en la que actúa, produce y dirige), ninguna obra de su filmografía nos prepara para la intrigante “Más allá de la vida” (“Hereafter”, en la versión original), una mirada atrevida, inusual y compleja al más allá que se estreno este jueves 6 en la Argentina. A los 80 años, Eastwood nos sigue sorprendiendo: en este caso, se aleja del género que lo caracteriza para adentrarse en una historia con una estructura poco convencional sobre la muerte, la soledad y la relación entre los vivos y los muertos.

Eastwood da comienzo al film con la escena de acción más espectacular de su carrera: un tsunami devastador que arrasa con una isla tropical, una secuencia que bien podría ser el punto culminante de una película de catástrofes. Pero, en realidad,
“Más allá de la vida” es una historia íntima y muy humana, un giro argumental que Eastwood logra con maestría.

La película gira en torno a tres personajes. En primer lugar, tenemos a una conductora de televisión francesa
(Cécile de France) que muere en el tsunami pero, milagrosamente, vuelve a la vida. El problema es que, después de haber visto el más allá, no puede volver a su vida de celebridad parisina y se obsesiona con escribir un libro sobre experiencias similares de otras personas, una tarea que le va a costar la credibilidad frente a sus sofisticados amigos. Como dicen en su editorial, no muy alegres, ese tema tiene mejor recepción en el mercado estadounidense.

En segundo lugar, el guión de Peter Morgan nos presenta a George
(Matt Damon), un psíquico un tanto recluido que tiene la habilidad de comunicarse con los muertos, un don que considera una maldición. A pesa de que su ambicioso hermano (Jay Mohr) quiere aprovechar ese talento para ganar dinero, George se confina a un trabajo monótono y una vida solitaria en San Francisco.

Por último, conocemos a Marcus
(Frankie McLaren), un chico londinense que pierde a su hermano gemelo en un trágico accidente. Desolado y rumbo a la casa de padres adoptivos -ya que su madre, una drogadicta, va a rehabilitación-, Marcus visita a todos los médium de Londres en un intento desesperado por comunicarse con su hermano.

Esta historia es radicalmente distinta de los dramas políticos e históricos
(“Frost/Nixon”, “La reina”) que hicieron famoso a Morgan. Gran parte del atractivo de la película radica en la forma en que se cruzan los caminos de los tres personajes, pero los recursos argumentales de Morgan -que están bastante sobrecargados en la sección de Londres y llevan a un final un tanto descolocado- no son el verdadero punto fuerte del film. Lo que cautiva a la audiencia es el misterio de los interrogantes provocadores que plantea “Más allá de la vida”, aunque Eastwood y Morgan saben que son preguntas sin respuestas certeras.

Es claro que, en esta etapa de su vida, Eastwood debe meditar mucho sobre la mortalidad. Como espectadores, sentimos que el director se identifica con los personajes, cuyas experiencias con la muerte los separa del resto y les da una suerte de propósito irrefrenable. Damon, con una actuación austera pero muy conmovedora, y De France, con su versatilidad deslumbrante, son el alma de la película. Eastwood, por su parte, le da la sobriedad que necesita.
“Más allá de la vida” trata un tema que podría haberse convertido en un melodrama meloso con dejos místicos, pero no en las manos de Eastwood, conocido por su visión directa y sin tapujos. ¿El resultado? Una mirada inquisitiva, abierta y honesta a la muerte y el más allá.

Por David Ansen.

Mirá el trailer de "Más allá de la vida" (Hereafter) de Clint Eastwood.
 

Fuente: Revista Newsweek.
Foto: Archivo.
Video: YouTube/Canal de xDp1026dX

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