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“Le había perdido el respeto a Charly”

Fue al mismo colegio que el músico y lo acompañó durante seis años. Pero, tentada para el regreso, tuvo sus dudas. Por qué rock y maternidad se llevan mal. 


En la tapa de Futuro Perfectosu tercer disco solista–, Hilda Lizarazu reposa sobre un colchón de hojas primaverales ante un grupo de arañas y moscas voyeurs. La imagen parece salida de Alicia en el país de las maravillas, versión Tim Burton, idea que la cantante confirma. Y agrega: “Es como una durmiente. Es la manera de resumir el concepto del disco, porque el futuro perfecto puede ser un sueño dentro de ese sueño o puede ser también este presente. Dentro de la poesía o de la fantasía se pueden agarrar varias lianas y volar. Mi vuelo se trata de agarrar poesías e inventar canciones: jugar”, afirma, sentada a la mesa de un café palermitano.

–En la canción que da nombre al disco, dice: “Acepto el destino, será lo que tenga que ser”. ¿Resignación?

No es resignación. Es aceptación de lo que ocurre, sea fortuna o desgracia. Cada uno lo toma o no, puede decir si acepta o no su destino. Le sonrío a mi destino hasta si se trata de algo que puede no ser grato, lo acepto porque es parte de mi propio mapa. Con ello no significa que no pelee por cosas que quiero. Lucho porque las cosas sean mejores en mi mundo y que repercutan. Es un lindo mensaje que salió de mí hacia mí.

–El disco empieza diciendo: “Tuve que dejar de mirar atrás”. ¿Por qué?

No soy de mirar atrás, siempre proyecto lo que vendrá, pensando en la ley de magnetismo, como la posibilidad de que vuelva lo que proyecto. Trato, espiritualmente, de estar en un tiempo de vida que sea grato estar. Transito por lugares que me resultan armoniosos, como la belleza de la naturaleza. Trato de alimentarme con cosas que me hagan sentir bien, no transito el arte de la opresión o la oscuridad. Pero, a la vez, lo puedo consumir. Y entender que hay seres que tengan que expresar que está todo mal.

¿Cómo se lleva con el pasado?

Bien, más allá de que mi niñez no fue tan buena. El pasado pisado, o vivido. Me parece que tengo pinceladas de nostalgia que están profundas en mi alma. Tiene que ver con una niñez lúgubre como fue haber sido una chica pupila. La mujer pupila siempre se hace presente en mí. Pero lo utilizo para hacerme la chica superpoderosa. Me encantaría hacer una canción sobre la mujer pupila. No por tortuoso, ya que por momentos me divertía. Son como inundaciones de tristeza que tienen que ver con esa suerte de abandono que sufrí a los 9 años. Pero, aunque a veces me visita, ya lo drené.

A finales de los sesenta, Hilda ingresó al Instituto Dámaso Centeno, un colegio militar en Caballito del que Charly García y Nito Mestre acababan de egresar. “Cuando estaba en cuarto grado, Charly ya era un Sui Generis. Y yo me la pasaba tocando ‘Aprendizaje’. Cuando empecé a cantar con él y le dije que había ido al mismo colegio, no lo podía creer. Él ya era Charly y yo seguía siendo la mujer pupila”, rememora Lizarazu, quien luego de terminar la primaria se instaló junto a su familia en Nueva York, donde hizo sus estudios secundarios. Lo que siguió fue una carrera en alza que comenzó como corista de Los Twist y Sueter y continuó como segunda voz de García entre 1987 y 1993, once años como líder de Man Ray –junto a Tito Losavio– y cinco de carrera solista: “Estoy en un buen momento analiza–. En este disco me puse más al frente en la dirección, en el rol de líder. Y eso me pone en un lugar algo incómodo. Antes me daba un poco de temor asumir que era solista. Pero esta banda la armé yo. Es mi cédula y se hace lo que digo”.

–A otras artistas como Fabiana Cantilo y Claudia Puyó, también ex coristas, les costó instalarse como solistas. ¿Cómo es el lugar de la mujer en el rock?

Siempre hubo muchos más hombres que mujeres trabajando desde las expresiones. La mujer procrea, y procrear es un laburo. Ser madre es difícil, no podés colgarte. Cuando mi hija está en casa, no puedo sacar la guitarra del estuche. Fijate que, de las artistas que mencionaste, ninguna es madre. Cuando sos madre y estás laburando, tenés que responder. Es complicado. Desde hace un tiempo me cambió la concepción de la mujer, el respeto por lo femenino, el laburo que significa criar. El rock tiene un poco de machista, pero no es sólo eso.

¿Y a qué lo atribuye?

El mundo es más machista, está claro. En estos últimos cincuenta años, la mujer está entrando en la igualdad. Como me dijeron hace poco, la gran revolución de los últimos años fue la pastilla anticonceptiva, porque la mujer puede regular cuándo quiere ser madre. O lo que nos pasa ahora, que estamos siendo gobernados por una mujer. Por ahí, dentro de este nuevo milenio, las mujeres puedan equipararse a los dos mil años de dominio masculino, aunque todo está bastante enviciado.

–En el disco hay un tema que se llama “Adicción”. Hace diez años, cuando disolvió Man Ray, se fue a vivir a Sinsacate, en Córdoba. ¿De qué se alejó?

No me fui a una granjita, me fui para despejarme. Para hacerme un chapuzón de monte. Al tiempo volví y me metí en el engranaje de la ciudad. Lo bueno que tiene este oficio es que la libertad está a flor de piel. Me gusta sentir que soy dueña de mi propio destino, pero eso no quiere decir que no me ponga límites, proyecciones o metas. Lo que me rige para hacer lo que hago es el bienestar interno. Lo cuido, que significa cuidarme a mí.

A mediados de 2009, dieciséis años después de haberse separado artísticamente de Charly García, Hilda recibió un llamado que la sorprendió. Alejandro Szereszevsky, hasta hace poco manager del bicolor, la llamó para formar parte del regreso de Charly a los escenarios, quien había pasado largos meses rehabilitándose luego de haber sido internado a mediados de 2008. “La verdad es que lo recibí con pinzas, porque en su momento lo había ido a ver a la casa de Palito en Luján y no pensé que iba a poder hacer nada de lo que después hizo”, sostiene Lizarazu.

¿Y cómo la convencieron?

Me dijeron que no iba a ser como antes. Que los ensayos iban a tener horarios. Yo no podía volver a los ochenta. Si bien significaba acompañar al más grande, tuve mis reparos. Lo pensé mucho, nos encontramos en la sala y lo vi mucho mejor, aunque él pensaba que no iba a poder adquirir la movilidad de las manos. De hecho, no es el García que se tocaba todo, pero podía sostener un show, cantando y tocando. Él se reinventó. Creo que lo sostuvo su enorme cantidad de bellísimas canciones.

¿Con qué Charly se encontró?

El primer reencuentro fue muy emotivo. Volver a escucharlo desde un lugar de respeto era muy fuerte porque yo ya lo había dejado de escuchar de esa manera: cuando estaba endemoniado, no le importaba nada de nada. Era una autodestrucción muy grande, una vida muy nociva. Si él no se tenía respeto, yo tampoco. Había dejado de verlo en su momento. Me hacía mal.

¿Cómo cambió la relación?

Se hizo más musical. Él empezó a ser más persona, menos déspota. Nunca había sido agresivo conmigo, pero en su momento yo era chica y aceptaba algunas cosas. Ahora, vamos a la par. ¿Sabés lo que es que Charly te mire a los ojos y te pregunte “¿cómo estás?”. Ahora hay un Charly humanizado.

¿Musicalmente es el mismo?

No es el mismo, pero es un sexagenario que pasó por años de autodestrucción y que está vivo, sosteniendo su obra. ¿Qué más se le puede pedir? ¿Que siga rompiendo guitarras?

Algunos lo reclaman.

Pero ese es público de baja calidad. Los que nos emocionamos con las mejores de sus canciones, tratamos de darles a esos temas de los ’80 el respeto que se merecen y que él había destrozado en los ’90.

¿Y cómo evalúa su aporte?

Me convertí en una suerte de pilar. Lo importante es cuidar el ego, mantenerlo domado, porque cuando recibís mucho y la gente te idolatra, es muy peligroso. Cuando te elevás, viene el genio. Y el genio es un tipo muy temerario.

¿Escuchó Kill Gil?

Me cuesta un poco.

¿Por qué?

Hay una cierta incoherencia en la idea de sacar un disco con el Charly de antes luego de que se convirtió en otra persona. Pero bueno, son decisiones del señor.

¿De qué señor?

De alguno.  

Por Bruno Lazzaro.

Fuente: Revista VEINTITRÉS/ElArgentino.Com
Foto: Archivo. 

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